El paciente se tumba en la camilla boca arriba y el terapeuta va tocando con un tacto muy suave distintas zonas del cuerpo, como los pies, el sacro, a lo largo de la columna vertebral y la cabeza. 

El paciente experimenta una profunda sensación de descanso. Se produce una quietud. El terapeuta nota  lo que está ocurriendo dentro del cuerpo del paciente.

El terapeuta capta si se están produciendo cambios en las estructuras corporales, si los músculos contraídos y tensos comienzan a relajarse.

Con estos cambios significativos poco a poco el cuerpo recupera su tono normal, el paciente percibe una sensación de profunda calma, bienestar consigo mismo y una relajación reparadora.

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