1) Los padres jugamos un papel muy importante en la crianza y desarrollo saludable de nuestros hijos, un “complemento necesario” del fundamental papel de la madre.

2) Una paternidad comprometida requiere nuestro compromiso emocional, contacto físico protector –no invasor-, conductas responsables con los hijos, apoyos de todo tipo a sus necesidades y una participación compartida y efectiva en las decisiones relativas a la crianza.

steven-van-loy-27355_estelaFreytes_23) ¿Cómo se va estructurando en nosotros el rol del padre? Comienza con las experiencias que tenemos con nuestro propio padre. Esto forma la matriz principal, el núcleo básico del modelo y se va completando con las múltiples imágenes y ejemplos de roles paternos que recibimos del entorno social extra familiar, incluso ya de adultos. Importan mucho los modelos “depositados” hacia nosotros desde ese entorno socio-cultural.

4) Nuestro rol como padres tiene así, una determinación sociocultural fundamental, pero tiene también una base biológica-emocional: en la neurohipófisis (cuerpo pituitario) segregamos dos hormonas al cuidar afectuosamente de nuestros hijos, ellas producen un bienestar especial que refuerza el vínculo y estimula las endorfinas del bebé-niño, etc.
5) En el desarrollo más temprano es importantísimo el impacto de la paternidad en los hijos, sean estos varón o mujer y continuará toda la vida. Tanto el varón como la mujer necesitan la figura del padre, entre muchas otras cosas, para construir su propia identidad masculina o femenina.
6) Desde la propia decisión de tener un hijo, durante el embarazo y después; nuestra participación es fundamental para la vida de nuestros hijos: importa más la calidad y regularidad del vínculo que la cantidad de horas.

7) El acostumbramiento a la voz tranquila y afectuosa del padre que toca la barriga de la madre embarazada, como “no madre” protector, el contacto físico temprano, la mirada a los ojos al bebé, que desde las 6 semanas distingue la voz del padre y de la madre, y desde las ocho diferencia como lo tratan la uno y el otro , la búsqueda del padre juguetón entre el año y los 3 y medio, van conformando nuestros vínculos y así de seguido.

8) La intimidad padre-hijo, cuando estamos solos, complementa las conductas íntimas madre hijos y favorece buenas relaciones triangulares.
9) El “buen desarrollo” de nuestro rol paterno se encuentra complicado y dificultado por múltiples variables socioculturales del entorno (conflictos con trabajo, tiempo de ocio, amigos, parientes, pareja, etc.), y nos exige: amor, esfuerzo, superación, paciencia, asertividad, estrategia y táctica, lucha, no rendirse nunca.

La relación con nuestros hijos nos gradúa como padres y nos completa como hombres.

Víctor Durana Muslera, Psicólogo / Estela Freytes Alonso, Terapeuta Craneosacral

 

Estela Freytes Alonso
Biodinámica Craneosacral – Bebés, Niños y Adultos