Liberación de estrés y mordiscones
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Liberación de estrés y mordiscones

Por el Prof. Nse. Carlos Teisaire

Venimos “equipados” con mecanismos naturales para liberarnos de nuestro estrés. Les vamos a pedir que para continuar leyendo este artículo se metan en este link, en donde encontrarán un fragmento de una famosa y satírica película de los años 80 (¿Y dónde está el piloto?) en la que los comandantes de un avión se intoxican con comida en mal estado y dejan el avión en manos de un inexperto. En la escena, una vez que la tripulación y los pasajeros se ponen al tanto de la situación, una mujer entra en pánico y… Sería mejor que ahora miren el video.

Obviamente, este hecho es ironía pura, y cualquier similitud con la vida real sería una mera coincidencia, pero veamos qué nos dice la ciencia al respecto:

Por más cruel e injusto que parezca, uno de los mecanismos de liberación de estrés impreso en nuestro ADN es el de “descargarlo” todo en otro individuo que sea física o psicológicamente más débil: la naturaleza no siempre comparte nuestra escala de valores. Para la conveniencia evolutiva, debilidad es sinónimo de menor posibilidad de sobrevivir, por lo que no es de sorprenderse que lo hoy considerado crueldad por nosotros sea una de las herramientas de las que se valió la selección natural para convertirnos, a lo largo de milenios, en lo que somos actualmente.

Se han hecho experimentos con monos y ratones. Se escogía a los dominantes (los alfa), se los estresaba ―no comparto los métodos, pero tampoco niego los resultados―, se medían sus niveles de hormonas del estrés (principalmente, el cortisol) y luego se los devolvía a su grupo. Indefectiblemente, estos mordían y maltrataban a los más débiles. A continuación, se los volvía a retirar para remedir sus niveles de hormonas del estrés y, como ya se imaginarán, estos habían bajado. Me apuro en aclarar morder de rabiaque la moraleja de esto no es “si estás estresado muerde a un débil”, ya que los humanos somos seres más complejos y si bien tenemos este tipo de respuestas impresas en nuestro ADN ―¡y vaya Página19 que las usamos!―, también poseemos comportamientos sociales aprendidos que nos inhiben de utilizarlas. Es cierto que ya casi no mordemos (se vio un episodio “curioso” durante el mundial 2014), pero tenemos otra enorme batería de herramientas que van desde las más burdas ―tales como arrojar vajilla en peleas matrimoniales― hasta otras más sutiles como el uso de la ironía.

Hay una cierta regla general que rige esta respuesta: cuanto más asentados estemos en nuestros valores humanos, menos “morderemos” (física o psicológicamente). Un individuo con insuficiente o mala calidad de información en sus bancos de memorias ―probablemente producto de una mala alimentación tangible (alimentos) o intangible (educación)― tiene muchas más probabilidades de “morder” que uno con sus capacidades de auto observación y autodominio bien desarrolladas. Un cerebro sano y orientado hacia los valores humanos es nuestra mejor herramienta para vivir armónicamente con nosotros mismos y en sociedad.

Quizá ahora te estés preguntando: ¿Pero qué hago con el estrés entonces? Cuándo me dan ganas de “morder”, ¿me las aguanto y listo?

Si fueras un mono o una rata ―y no en el horóscopo chino―, te diría: ¡Muérdelo y listo! Pero si estás leyendo estas líneas, éste no será el caso. Así que en un principio, y para evitar los posteriores reproches, enojos, ofensas, culpas, a la policía o los análisis de sangre para asegurarse de que no contagias nada grave, te recomiendo no morder.

Cuando mordemos nos sentimos mal y queremos que otros nos entiendan y perdonen, pero si otros lo hacen nos olvidamos de entender y perdonar. Hay ignorancia y estrés en la persona que muerde: eso puede despertar nuestra compasión y entendimiento de que necesita ayuda o, también, estimular nuestras ganas de repetir la conducta. Compasión y perdón no implican irresponsabilidad. El que muerde debe hacerse cargo de su acción. Podemos parecer muy buenitos y elevados perdonando, teniendo compasión y haciéndonos los tontos. Perdonar y tener compasión, sin una acción al respecto, es una tarea incompleta. Disculparnos cuando mordemos y tomar las acciones correspondientes si otro lo hace (es decir, perdonar al que muerde y ayudarlo a que asuma la responsabilidad) nos hará crecer como sociedad en los valores humanos.

El mejor camino para no morder es la educación. No es el más corto ―tampoco el más fácil― pero sí el más confiable y duradero. Neurosicoeducarnos y aprender a bajar nuestros niveles de estrés crónico nos ayudará a tener nuestra UCCM (unidad cuerpo cerebro mente) en condiciones óptimas para disfrutar de una vida plena y en armonía con nuestros valores humanos. Probablemente en este momento haya dentro tuyo dos vocecitas: una que dice: ―Sí, la educación es el camino a largo plazo, concuerdo. Y otra puede que diga algo así como: ―Todo muy lindo, pero ¿qué hago con mis ganas de morder AHORA?

Aquí te dejo algunos tips o estrategias que pueden servir en el día a día para bajar unos cambios y evitar morder o ser mordido por nuestros familiares, jefes, empleados, alumnos u otras personas:

· Mantén la boca cerrada (simple, ¿no es cierto?). Hay una profunda filosofía detrás de este principio…

· Pospone la mordida. Usa el truco de la abuela: respira hondo 10 veces.

· Cambia el foco de atención.

· Busca opciones más saludables en donde descargarte. Mejor, un plato que una persona; un almohadón que un plato. Mejor, haz deporte antes de romper almohadones.

· Toma la situación como un desafío para aprender cómo accionar de manera distinta.

· Quien muerde está seguramente bajo el comando de su sistema emocional. No es buen momento para argumentos racionales.

· Mírate o mira al mordedor como una marioneta movida por sus pequeñas redes emocionales. Recuerda que eres más que eso.

· Salvo casos imprevistos, tanto el que muerde como el mordido son emocionalmente adictos a ese tipo de situaciones.

· Entrena tu capacidad de observación. Generalmente mordemos o nos dejamos morder sin poder ver la situación con amplitud. Solo podemos cambiar lo que podemos observar.

· Dentro de cada mordedor hay una persona estresada que sufre: obsérvala, observate y estate por encima de la situación.

· Si morder es estrictamente necesario, hazlo como en el teatro: lo más actuado posible y despersonifícalo.

· Si vas a morder solo porque quieres descargarte, difícilmente logres algo positivo.

· El que te viene a morder piensa (con o sin consciencia) que puede hacerlo. ¿Por qué será?

· ¿Lo estás buscando? Ten en cuenta que rara vez somos sorprendidos. Generalmente sabemos bastante bien qué o quiénes nos alteran.

· Prevenir es la mejor forma de evitar.

· Neurosicoedúcate para entender cómo funcionamos y así poder prever y prevenir comportamientos más fácilmente.

· Si ya has mordido, toma la pérdida, acepta las consecuencias y aprende para no repetir: justificar te estanca.

· Mantén sano tu sistema emocional haciendo ejercicio, bailando, estando en buenas compañías, riendo, descansando, estando en la naturaleza, comiendo rico, poco y sano, etc.

· Busca actividades que cada tanto calmen tu sistema emocional como hacer relajaciones, meditar, hacer yoga o introspecciones.

· Y, principalmente, ayuda a otros. Está científicamente comprobado que aprender a ayudar y hacer servicio desinteresado eleva nuestras endorfinas y nos aleja de los hábitos mordedores.

¡Les deseamos que tengan una muy buena semana, con mandíbulas relajadas y corazones contentos!

Estela Freytes Alonso
Terapeuta Craneosacral Biodinámica
Neurosicoeducadora

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